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Su Amor a los enfermos
El Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida vivió las características del “Buen Samaritano” con las virtudes evangélicas que Jesús pide a sus seguidores.

Imitador de Jesucristo, instrumento de su gracia con las personas que sufren, en especial con los enfermos, ancianos y personas con habilidades diferentes.

Vivió en su Sacerdocio, la ternura, el amor y el impulso de darse a los demás; acompañó en el dolor y en el sufrimiento a las personas que lo necesitaron, y les proporcionó la ayuda espiritual que manaba de su vida interior.
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